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sábado, 7 de mayo de 2011

He arrancado tu voz

He arrancado tu voz
de las manos oscuras del silencio.
Y he puesto de nuevo
sus alas en la boca
y el aliento suave del recuerdo.

domingo, 7 de febrero de 2010

Nausícaa

Solo tu amor era una playa
para el naufragio denso 
y el olvido;
solo tus labios: como arena

en que besaban los míos
el silencio.
Buscaba yo el regreso,
la patria imaginada,
pero en la boca,
se te secaba a la deriva
el deseo 
en la sal y en la sed
de oscuros besos.
Ahora solo te ofrezco
una imagen desnuda 
de tu risa,
un eco deslumbrado
de tus ojos,
despojos y palabras
ya desguazados y vencidos.
Construye tú, princesa,
una balsa, tiende
en la vela
una libre esperanza;
pon rumbo vivo
hacia tu propio sueño.

sábado, 30 de enero de 2010

Siempre tu olor

Siempre el olor tan dulce de tu cuerpo,
siempre tu suavidad,
tu piel, tu luz, el aire ahogado
entre tus manos y las mías.
Hasta el instante limpio del placer, 
la aurora misma
de tanta inmensidad como el deseo
tejía de palabras, ya calladas.


No te olvido, mi amor. Sube tu imagen
como una flor paciente que devora
en la quietud flagrante de sus pétalos
toda la oscuridad desnuda.


Sabes que hasta mi cuerpo te requiero,
hasta mis manos de nuevo,
de nuevo hasta mis labios.
Y qué densa espuma me visita,
soledades de miel,
viento en la copa
húmeda de recuerdo y sed de ti.

domingo, 24 de enero de 2010

Umbrío por la pena...

Umbrío por la pena, casi bruno
voy de la soledad a tus olores,
la humedad de la boca, la palabra
que se viste de luz para llamarte. 

Dónde habita la sal, sedienta y triste,
dónde se oculta el tiempo adolescente,
qué razón me sumerge en este lago,
este espejo voraz, esta memoria.

Todo tiene que ver con la presencia,
la sonrisa de miel amurallada,
el lamento de rayos enjaulados.

Todo tizna mi amor de sombra, aroma,
de rocío de voces que amanecen
mil espadas de luz enamorada.

lunes, 11 de enero de 2010

Da la luz

Da la luz, por favor,
pon en sombra
la muerte y sus espejos,
la ruina de los dioses olvidados.

Ponme tus ojos
como brasas delante de los míos.
El esfuerzo rojizo
del pudor que te prende en la mejilla.

Y háblame de ausencias,
de mares rotos, vinos, lo que quieras.
En todo caso,
mueve tu voz, como una danza
por la piel ambiciosa del recuerdo
y del deseo.
No te calles, por Dios,
dime tus cosas, no te calles.

Que me siento volver con la marea
de esta luz y estos ahogos
a la espera, al amor,
a la aurora inexperta de mirarte.

viernes, 8 de enero de 2010

Comunión 2.0

Dame el pan este día, que me invades
con el hambre amplia y tierna del deseo.
Precipita mi alma en la crecida
ansiedad de ese vino, puro y vivo.


Te requiero en los labios, en las manos,
en plegarias de besos y caricias.
En memorias de amor, desembocadas
en la forma desnuda de tus senos.


Qué derrumbe de miedos y techumbres...
Monasterios de salmos y liturgias
derruidos en rezos arruinados.


Qué maitines tus ojos encendidos,
qué lectura tu voz, qué eucaristía,
ah,  tu cuerpo de harina enamorada.


 

martes, 5 de enero de 2010

Comunión

Me devuelves el pan a boca llena
con el hambre ancha y tierna de deseo.
Precipitas el alma en la crecida
ansiedad de tu vino puro y vivo.

Te requiero en los labios, en las manos,
en plegarias de besos y caricias,
en memorias de amor, anticipadas
a la Forma desnuda de tus senos.

Qué derrumbe de miedos y techumbres,
monasterios de salmos y liturgias
derruidos en rezos arruinados.

Qué maitines tus ojos encendidos,
qué lectura tu voz, qué eucaristía,
ah,  tu cuerpo de harina enamorada.

lunes, 4 de enero de 2010

Una rosa a destiempo

A destiempo te traigo, hoja en mano,
una rosa de pétalos tintados
que recorre tus ojos desatentos.


Como un roto de ojal, una promesa,
un recuerdo sin nudo, un disparate,
una flor que concentra y acapara


la avariciosa luz de la memoria.
La dilata enseguida amargamente,
y te trae desdeñosa hasta mis brazos.


Hasta la lumbre triste de los besos,
de estos versos, cansados y desnudos,
de mi amor, desnortado y taciturno.


Mosquetera del viento y de la risa
divinal y perpetua como un río;
labradora de nubes remolonas,


ven a los bajos fondos de mi boca,
a mi infierno celeste, pues tu reino
es un mundo de luz y de palabra.


Entre febrero y abril de dos mil tantos,
vino a posarse aquí, a grupa de san Jorge.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Está en ti la luz

Está en ti la luz, el viento y la palabra,
la presencia del tiempo denso y lleno,
está en ti la muerte derrotada,
la mirada de un dios sediento, antiguo,
el azar del silencio
roto por la quebrada estrella de cantarte
tanta umbría desierta,
tanta espaciosa anchura, tanta aurora.
Está en ti lo que soy,
lo que fui, ante tus ojos incendiados,
cuanto seré hasta el instante mismo,
la saciedad imprecisa de la muerte.
Está en ti mi vida:
eres suma celeste,
angelical anuncio, profecía
salvaje de tu cuerpo enamorado.
Calidez repentina de tus pómulos,
adivinadas olas de tu boca,
tu sonrisa. Tu amor embravecido.
Está en ti la luz.
Qué otra cosa decir. Toda la luz.

martes, 15 de diciembre de 2009

Es de noche

Es de noche. Tejen tus párpados
sueños de sal enamorada.

Ahora estos versos
parece ya que quieran en tus labios
hilvanar solo un rumbo,
una patria imposible
de sombras devoradas.

Parece, sí, que al fin alcancen
la perezosa luz,
la sigilosa cumbre de tus ojos.

Penélope lejana,
tus manos laboriosas,
llenaré con la nieve de mi boca;
perezosa Nausícaa,
tu ajuar
y tu deseo
bordaré de palabras y de besos
incendiados de viento y escritura.


domingo, 29 de noviembre de 2009

Te requiero

Te amé con el silencio
cabizbajo,
con la mirada tensa y la palabra
de pie y enamorada de tu boca.

Te amé desde la infancia
derribada,
desde la soledad, la melodía
de besar tus recuerdos y tus sueños.

Te amé
como me dio a entender la vida,
el deseo, la muerte avariciosa.

Te amé
porque no quise ser
esclavo siempre,
sino canción, y luz, y llama herida,
cauce de sangre emancipada.


Te amé y te quiero en el espejo
de la memoria rota,
en mis manos que buscan
todavía
la nube de tu piel amanecida.

Te quiero y te deseo,
y te requiero
a las aladas almas de las rosas,
a la improbable aurora
desposada en las bocas dulcemente.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Me dejaste

Me dejaste. Pusiste entonces
el espeso sendero sin memoria,
la canción apagada,
destruida, la misteriosa
sombra de tu silencio.


Qué podía decir
si no querías
que mi boca de nuevo te rompiera
brotes de fuego oscuro
por tu boca de nube y de desnudo.

Ay mi amada de sal,
oleaje tu cuerpo, desabrochada
vida tus pechos repentinos,
plenos. Ah qué caricia
tu piel blanca y eterna, tu mirada
encendida, habladora,
de dolorosa luz edificada.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Aroma de deseo

Este aroma de viento agradecido,
esta sal que relumbra geometría,
esta negra canción,
este recuerdo,
este gato que araña amaneceres,
esta herida de amar que suma y sigue.


Todo lo llenas tú,
reina de barro,
carne de cama oscura, dulce niebla...
Todo el mar en tu boca; 
denso oleaje
de tu cuerpo en la piel de la memoria.
Todo lo llenas... Di, qué sueños bebes,
dónde se abre la cueva de tus labios,
en qué noche tu luz
se ha sepultado,
di, vida,  dónde te escondes
y traspones.


Buscaremos abismos,
la lluvia, el ala lenta a ras de cielo,
los dulces pasos
de la felina mansedumbre;
no temerás las fieras,
y pasaremos fuertes y fronteras.

Y seremos, princesa, para siempre
esta sombra de estrella amanecida,
este gozo de cuerpos enredados,
esta boca de muerte deliciosa,
este olor de deseo derramado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Te dibujo los ojos...

Te dibujo los ojos
con la tinta cansada de los sueños
con el velo mojado
de las bodas oscuras que desposo.


Y en tu cuerpo se rompen
las costuras esclavas y renace
el deseo en la punta de tus senos.
Tengo la boca
habitada de viento y de oleaje.


Podré amarte
hasta el corte preciso de la aurora,
su cuchillo de plata enrojecida.
Podré amarte,
despacio,
demorando los labios
por el relieve vivo de tu cuerpo.


Y dejaré tus manos
llenas de nieve y luz,
llenos tus labios
de palabras jugosas y suaves,
y en tus ojos
qué paisaje de vuelo derretido,
qué espejismo de arena edificada.

martes, 27 de octubre de 2009

Hipatia

Tus manos
se apresuraban a cubrir
tu desnudez en vano.
Adivinabas, temblorosa, 
el frío,
el filo del cuchillo,
el odio,
desollando tu piel inmaculada.
Un ángel te entregó la muerte,
la dulce asfixia que evitaba
tanto dolor inútil presentido.
Venía mirando desde el cielo
tu camino de estrellas deseadas.
Extraña gloria este morir dos veces,
cruelmente en vida,
amorosamente asfixiada en la pantalla.
Extraña suerte este vivir dos veces,
en un rincón de Alejandría,
sucia y ya
demoníacamente cristiana;
y luego
en tantas salas lóbregas y abstractas,
de todo el orbe extenso ahora.
Tus manos
han trazado esta elipse prodigiosa,
este salto del tiempo, esta locura,
mujer
por fin ya sabia y libre
ante todos los hombres.

lunes, 12 de octubre de 2009

Luz húmeda y oscura

Toda la suavidad llena tus ojos,
luz húmeda y oscura,
temblor pequeño
asomado
como un niño de pronto a mis pupilas.

Amor mío, lo sabes,
se enredan en mi boca
palabras de sonidos trepadores,
y parece que sean
barro a veces,
y vasos para el agua del deseo.

Fresca hondura de viento y cauce dulce,
sal mentida de amor,
mar extendido,
hoy qué lejos la muerte y su costumbre,
qué insolencia de azahares al besarte,
de menta y de recuerdo.


El aire que se sube hasta tu boca
sacia su soledad,
puebla tu cuerpo;
luego se adentra en mí,
y regresa
hecho palabra 
a tus labios,
y se moja en tus ojos,
alfareros de luz, temblor, silencio.

jueves, 8 de octubre de 2009

Vuelvo a besarte, amor

Un día, es verdad, es solo tiempo
derramado.
Hasta su fin exacto.
Y sin embargo siento
--capricho repetido de mi boca--
venir hacia mis labios
suavemente,
lentamente,
tus labios, acogidos al silencio,
a la latencia del deseo,
al temblor del amor que te reservo,
justo, ya ves, en este día. Es solo tiempo
derramado, razono.
Y sin embargo
vuelvo a sentir tus labios,
el sabor, la vida,
la alegría que exhalas al besarme.
Vuelvo a besarte hoy
desde la boca
que estas palabras fingen en el aire.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Quise toda tu luz

Quise toda tu luz. Y tú lo sabes.
Una ambición oscura
me quemaba la boca y al besarte
hundía un mar exhausto de deseo
en tu boca,
cristal de sombra dulce.
Quise toda tu piel: crucé los ríos
de tus venas, buscando por tu cuerpo
la ingravidez, la voz y la palabra
derrumbada de gozo en tus gemidos.
Quise toda la vida
en un instante;
sentí el ciego rumor con que la herida
abre suavemente
los labios rojos al sediento filo.
Todo el tiempo de pronto
sabe a niebla,
a la seda lasciva de tus besos,
a la aurora que brota labio adentro,
enredada de estrellas como frutos.

.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Habla la amada

Ha prendido, mi amor, toda tu fuerza,
como una llamarada,
en el jazmín callado de mi cuerpo.


Y ha entrado en mi boca,
y me ha quemado
la nieve dulce de tu boca.

¡Ay mi cuerpo de nácar,
ay mi boca de menta y de recuerdo!

Pon tus dedos de viento,
sobre la espalda suave
del silencio,
sobre la piel huidiza,
herida en la memoria de tus besos.

Y ponme en las palabras,
la textura sabrosa del recuerdo,
¡que suban a mis ojos
y dejen el reflejo
de tus ojos, mi amor, 
inmensamente abiertos!

¡Ay mi cuerpo de nácar,
ay mi boca de menta y de recuerdo!


domingo, 13 de septiembre de 2009

Amarte

Noche es de nieve dulce tu boca;
tu mirada,
hierro candente y hondo que me duele
doblemente por dentro.
Gimes y te rebosas,
vuelo vivo de oscuras pesadumbres
que deslumbran al fin
tu cuerpo 
tenso y pleno.


Astros de niebla densa me embriagan al besarte,
bebo todas las sombras como un vino esquivo
forjado en la tibieza derramada y sedosa.

Calidez rebrotada, angulosos deseos,
el olor afilado de la suave tiniebla
que humedece tu sexo: 
todo en ti se hace espacio,
oleaje de instantes que se agitan y ponen
un sabor de cuchillo y de espuma
que al fin invade de silencio
mi cuerpo
tenso y pleno.