Tu vientre es la memoria
lisa y clara del agua.
El viento en tus caderas
aquieta blancas alas.
Qué cristal sin reflejo
tu sonrisa, qué lágrima
deja caer el Tiempo
por su barba de plata.
Hasta mi voz te llegas,
hasta mi voz pálida,
como bajel de seda
por caminos de agua.
No despiertes, doncella,
de este amor de crisálida,
que es de nube y penumbra,
que es de pluma y de nata.
Que es de sombra y caricia,
tú lo sabes, y callas
y dormida me tejes,
y en silencio me tramas.
Hasta mi voz te llegas,
hasta mi voz pálida,
como labor menuda
toda hilo de Ariadna.
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jueves, 25 de diciembre de 2008
sábado, 18 de octubre de 2008
Sueño de hiel
Sueño de hiel, cuchillo de azucena,
barco de herida,
cajón de huraña flor, seca y desnuda,
o refugio de mar terco y hambriento,
cómo nombrar la espera,
pálpito frío y erizado
de ansia y de luz entrecerrada,
sabor de soledad, pan taciturno,
cómo poner palabras
en las manos de un viento anónimo y oscuro,
como banderas rotas,
y la voz, que se pliega y se anochece,
cómo lanzar su sombra renacida,
su dardo de deseo,
cómo decir la piel suavemente
por la secreta escala
se te llena de alcoba y de recuerdo,
cómo pensar siquiera,
si el filo de tu ausencia
en mi sien va cebando tenazmente
su solitaria sed de blanca muerte.
barco de herida,
cajón de huraña flor, seca y desnuda,
o refugio de mar terco y hambriento,
cómo nombrar la espera,
pálpito frío y erizado
de ansia y de luz entrecerrada,
sabor de soledad, pan taciturno,
cómo poner palabras
en las manos de un viento anónimo y oscuro,
como banderas rotas,
y la voz, que se pliega y se anochece,
cómo lanzar su sombra renacida,
su dardo de deseo,
cómo decir la piel suavemente
por la secreta escala
se te llena de alcoba y de recuerdo,
cómo pensar siquiera,
si el filo de tu ausencia
en mi sien va cebando tenazmente
su solitaria sed de blanca muerte.
jueves, 12 de junio de 2008
Tan por dentro te duermes
Tan por dentro te duermes de tus ojos,
tan sin hilo es tu sueño un laberinto,
que por fuera de ti no hay sino espera,
extravío, orfandad, vil cautiverio.
Sangre que deshabita los latidos,
boca que bebe solo aliento mudo,
manos que como espejos se detienen
en la quietud ausente de un reflejo.
Qué me queda de tiempo descarnado
que no sea temblor desvanecido,
ansia de espada y sombra, y de despojo.
Una espuma tan frágil de deseo,
un cortejo de nieve y de agonía,
una efigie de viento olvidadizo.
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