Umbrío por la pena, casi bruno
voy de la soledad a tus olores,
la humedad de la boca, la palabra
que se viste de luz para llamarte.
Dónde habita la sal, sedienta y triste,
dónde se oculta el tiempo adolescente,
qué razón me sumerge en este lago,
este espejo voraz, esta memoria.
Todo tiene que ver con la presencia,
la sonrisa de miel amurallada,
el lamento de rayos enjaulados.
Todo tizna mi amor de sombra, aroma,
de rocío de voces que amanecen
mil espadas de luz enamorada.
domingo, 24 de enero de 2010
Umbrío por la pena...
domingo, 29 de noviembre de 2009
Te requiero
Te amé con el silencio
cabizbajo,
con la mirada tensa y la palabra
de pie y enamorada de tu boca.
Te amé desde la infancia
derribada,
desde la soledad, la melodía
de besar tus recuerdos y tus sueños.
Te amé
como me dio a entender la vida,
el deseo, la muerte avariciosa.
Te amé
porque no quise ser
esclavo siempre,
sino canción, y luz, y llama herida,
cauce de sangre emancipada.
Te amé y te quiero en el espejo
de la memoria rota,
en mis manos que buscan
todavía
la nube de tu piel amanecida.
Te quiero y te deseo,
y te requiero
a las aladas almas de las rosas,
a la improbable aurora
desposada en las bocas dulcemente.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Te dibujo los ojos...
Te dibujo los ojos
con la tinta cansada de los sueños
con el velo mojado
de las bodas oscuras que desposo.
Y en tu cuerpo se rompen
las costuras esclavas y renace
el deseo en la punta de tus senos.
Tengo la boca
habitada de viento y de oleaje.
Podré amarte
hasta el corte preciso de la aurora,
su cuchillo de plata enrojecida.
Podré amarte,
despacio,
demorando los labios
por el relieve vivo de tu cuerpo.
Y dejaré tus manos
llenas de nieve y luz,
llenos tus labios
de palabras jugosas y suaves,
y en tus ojos
qué paisaje de vuelo derretido,
qué espejismo de arena edificada.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Quise toda tu luz
Quise toda tu luz. Y tú lo sabes.
Una ambición oscura
me quemaba la boca y al besarte
hundía un mar exhausto de deseo
en tu boca,
cristal de sombra dulce.
Quise toda tu piel: crucé los ríos
de tus venas, buscando por tu cuerpo
la ingravidez, la voz y la palabra
derrumbada de gozo en tus gemidos.
Quise toda la vida
en un instante;
sentí el ciego rumor con que la herida
abre suavemente
los labios rojos al sediento filo.
Todo el tiempo de pronto
sabe a niebla,
a la seda lasciva de tus besos,
a la aurora que brota labio adentro,
enredada de estrellas como frutos.
.
viernes, 11 de septiembre de 2009
Mi voz
Mi voz recorre en vuelo los caminos
sedienta de tu alma evanescente,
te acecha agazapada en las palabras
que palpitan en sombra y en deseo.
Qué delicia tu boca apresurada
por mi letra callada, sí, qué aurora
en los versos tus ojos, que acarician
suavemente sus alas mensajeras.
Deja que luego busquen en tus labios
la grácil humedad para el regreso,
que los unja de luz tu voz, y el aire
los recubra de ausencia fugitiva.
Y a mi boca se vuelvan fatigados,
victoriosos y dulces como heridas,
y se duerman por fin, como palomas
derretidas de amor en el silencio.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Carpe diem
Sobre ti impondrá el tiempo manos negras,
silencio lacio y seco, ruina ausente,
sobre la latitud de tu sonrisa
una bruma de nada derramada.
Y es por la escala secreta de la muerte
por donde trepan pasos fríos
a la cima auroral de tu semblante.
Deja que aliente viva en las palabras
la mano de mi amor presente y cálido,
el eco de crepúsculos perdidos,
la voz que asciende
laboriosa al cenit de tu deseo.
Deja el sabor a espada altiva
de tu cuerpo prendido entre mis labios.
Pon en mi boca ahora
todo el hierro mortal, dulce y helado,
toda la luz voraz que ha de matarme.
martes, 10 de febrero de 2009
Vendrá por fin la luz
tu cuerpo,
vendrá de nuevo
la sed de acariciarte,
todo el silencio tenso de labios entreabiertos,
todo el espacio vivo
para la eternidad exacta del instante,
la incandescente y dulce suavidad del placer.
Vendrá de nuevo, como un sueño
inmortalmente a la deriva
por nocturnos océanos callados.
Como una aurora, una espera,
impaciente y tangible,
de iluminada carne y de deseo.
miércoles, 7 de enero de 2009
Herirá nuestros ojos
sábado, 9 de febrero de 2008
Tu luz para nacer...
sus amplias alamedas de recuerdos,
como brotes sagrados de memorias,
de evocaciones blancas y constantes.
Tu cuerpo, como llanto amanecido,
como risa de almenas encumbradas,
en el aire se esgrime, sol de espada,
lanza de azules y sedientas bocas.
Qué ambiciones de besos y de sombras
en mis ojos enciendes, codiciosos
de tus labios hambrientos de presencia.
Y qué dulce y qué grácilmente alientas
resurrecciones, glorias, firmamentos,
vidas de encarnaciones amorosas.