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lunes, 9 de mayo de 2011

Sombra ahogada

Soy solo ahora
espacio ahogado en sombra,
cobijo de una mancha
de color podrido.
El recinto abrasado de lo impuro.


Bebo la luz
entumecida
en el fondo del agua.

No deshojo otra voz que tu mirada: 
vives (aún te siento
más allá del beso),
en el hueco lascivo de mi boca.


Amarte: huella fría
de una espera desnuda,
los huesos absurdos de un naufragio,
la soledad, tal vez palabras
que no se visten de labio ni de vida.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Del otro lado, sin voz y tibiamente

Desde otro lado, sin voz y tibiamente,
voy a decirte, amor, que no es posible,
que no hay olvido tan grande que devore
toda esta luz, esta materia tuya,
todo lo que en mis ojos dibujaste
con el perfil cuidadoso de tu cuerpo.
No puede ser posible, si en las manos
noto aún tu contacto, suave y vivo,
igual que ese calor en las mejillas
cuando nos atenazan, repentinos,
el miedo y el deseo al mismo tiempo.
Seguro que ahora mismo, lo presiento,
tú sientes al leer precisamente
ese rubor que trepa desde el pecho
y florece en el rostro de repente,
como una aurora de pudor que quema
y desliza en la palabra temblorosa
flujos de miel y fuego. Siento en la boca
la memoria vibrante de tu boca,
cada vez que despierto busco ausente
el volumen del sueño fugitivo 
en que de nuevo te abrazo y te deseo. 
Es en la boca, sí, donde te encuentro,
donde revive el sabor y el tiempo mismo
parece que me derrama oscuramente
tu aliento y tu deseo incontrolable
noche tras noche por los labios.
Y así persistes siempre en lo que pienso,
en las palabras que escribo, en las que digo.
No es posible que deje de decirte,
escribirte, pensarte. Bien lo sabes.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Noche

La oscuridad rugosa,
l
as ásperas prisiones de la luna
espesamente cunden
y mueven
sus sonidos de flor muerta y herrumbre.
Su lúgubre elegía
de ambiciones vacías como heridas,
como bocas de cuevas
o sirenas nocturnas de cargueros.
Es posible
que describas al fondo de estos versos
una luz que adivinas, o pretendes,
una sombra,
promesa de los cuerpos
que te esquivan, a espaldas de tus manos
quebradas, derruidas,
tus manos, que serpean, entre letras
aleatoriamente venenosas.
Y el mar, que eleva
una y otra vez
la rítmica oración, hecha de escombros
y destinos borrados como huellas
de su lengua infinita sobre el tiempo.

lunes, 14 de julio de 2008

Venimos de la muerte

Venimos de la muerte,
de la caricia seca de la nada.
Su boca besa la esperanza:
labio de arena ciega, mirada
de óxido inerte. Hechizados,
damos pasos que rasgan
el manto del silencio.
Se exalta
la sombra en la cintura de la estrella,
en el tacto jugoso de la luz:
la vibración precisa,
la flecha que devora
anhelos de humedad, de pálpito,
palabras que rebosan como heridas...
En la ciénaga espesa
de haber amado se condensa
la ruina desnuda de los besos.
Para llegar de nuevo
a las orillas
ávidas y oscuras,
al oleaje mohoso del olvido.