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sábado, 7 de mayo de 2011

He arrancado tu voz

He arrancado tu voz
de las manos oscuras del silencio.
Y he puesto de nuevo
sus alas en la boca
y el aliento suave del recuerdo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Nada puede el olvido

Nada puede el olvido,
sus manos oscuras,
su negra luz,
su  terso manto.
Vuelve siempre
el filo de tu voz,
tus de veras, tu sonrisa,
tu abrazo.
Vuelve el recuerdo,
se acuclilla, menudo,
en tu nombre, ese pájaro
de alas tan pequeñas.
A veces, seguro que imaginas,
rebusco en los bolsillos,
remuevo en el silencio seco
de su fondo. Y te encuentro
rozando
la soledad de mis dedos,
mirándome, luego,
desde el espejo que dibujan
habitado de ti
los ojos interiores.
Y bebo las palabras
leídas de tu boca:
de veras que me quieres,
me preguntas.
Y sonríes de nuevo,
eternamente.

sábado, 30 de enero de 2010

Siempre tu olor

Siempre el olor tan dulce de tu cuerpo,
siempre tu suavidad,
tu piel, tu luz, el aire ahogado
entre tus manos y las mías.
Hasta el instante limpio del placer, 
la aurora misma
de tanta inmensidad como el deseo
tejía de palabras, ya calladas.


No te olvido, mi amor. Sube tu imagen
como una flor paciente que devora
en la quietud flagrante de sus pétalos
toda la oscuridad desnuda.


Sabes que hasta mi cuerpo te requiero,
hasta mis manos de nuevo,
de nuevo hasta mis labios.
Y qué densa espuma me visita,
soledades de miel,
viento en la copa
húmeda de recuerdo y sed de ti.

domingo, 24 de enero de 2010

Umbrío por la pena...

Umbrío por la pena, casi bruno
voy de la soledad a tus olores,
la humedad de la boca, la palabra
que se viste de luz para llamarte. 

Dónde habita la sal, sedienta y triste,
dónde se oculta el tiempo adolescente,
qué razón me sumerge en este lago,
este espejo voraz, esta memoria.

Todo tiene que ver con la presencia,
la sonrisa de miel amurallada,
el lamento de rayos enjaulados.

Todo tizna mi amor de sombra, aroma,
de rocío de voces que amanecen
mil espadas de luz enamorada.

lunes, 11 de enero de 2010

Da la luz

Da la luz, por favor,
pon en sombra
la muerte y sus espejos,
la ruina de los dioses olvidados.

Ponme tus ojos
como brasas delante de los míos.
El esfuerzo rojizo
del pudor que te prende en la mejilla.

Y háblame de ausencias,
de mares rotos, vinos, lo que quieras.
En todo caso,
mueve tu voz, como una danza
por la piel ambiciosa del recuerdo
y del deseo.
No te calles, por Dios,
dime tus cosas, no te calles.

Que me siento volver con la marea
de esta luz y estos ahogos
a la espera, al amor,
a la aurora inexperta de mirarte.

viernes, 8 de enero de 2010

Comunión 2.0

Dame el pan este día, que me invades
con el hambre amplia y tierna del deseo.
Precipita mi alma en la crecida
ansiedad de ese vino, puro y vivo.


Te requiero en los labios, en las manos,
en plegarias de besos y caricias.
En memorias de amor, desembocadas
en la forma desnuda de tus senos.


Qué derrumbe de miedos y techumbres...
Monasterios de salmos y liturgias
derruidos en rezos arruinados.


Qué maitines tus ojos encendidos,
qué lectura tu voz, qué eucaristía,
ah,  tu cuerpo de harina enamorada.


 

martes, 5 de enero de 2010

Comunión

Me devuelves el pan a boca llena
con el hambre ancha y tierna de deseo.
Precipitas el alma en la crecida
ansiedad de tu vino puro y vivo.

Te requiero en los labios, en las manos,
en plegarias de besos y caricias,
en memorias de amor, anticipadas
a la Forma desnuda de tus senos.

Qué derrumbe de miedos y techumbres,
monasterios de salmos y liturgias
derruidos en rezos arruinados.

Qué maitines tus ojos encendidos,
qué lectura tu voz, qué eucaristía,
ah,  tu cuerpo de harina enamorada.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Está en ti la luz

Está en ti la luz, el viento y la palabra,
la presencia del tiempo denso y lleno,
está en ti la muerte derrotada,
la mirada de un dios sediento, antiguo,
el azar del silencio
roto por la quebrada estrella de cantarte
tanta umbría desierta,
tanta espaciosa anchura, tanta aurora.
Está en ti lo que soy,
lo que fui, ante tus ojos incendiados,
cuanto seré hasta el instante mismo,
la saciedad imprecisa de la muerte.
Está en ti mi vida:
eres suma celeste,
angelical anuncio, profecía
salvaje de tu cuerpo enamorado.
Calidez repentina de tus pómulos,
adivinadas olas de tu boca,
tu sonrisa. Tu amor embravecido.
Está en ti la luz.
Qué otra cosa decir. Toda la luz.

martes, 15 de diciembre de 2009

Es de noche

Es de noche. Tejen tus párpados
sueños de sal enamorada.

Ahora estos versos
parece ya que quieran en tus labios
hilvanar solo un rumbo,
una patria imposible
de sombras devoradas.

Parece, sí, que al fin alcancen
la perezosa luz,
la sigilosa cumbre de tus ojos.

Penélope lejana,
tus manos laboriosas,
llenaré con la nieve de mi boca;
perezosa Nausícaa,
tu ajuar
y tu deseo
bordaré de palabras y de besos
incendiados de viento y escritura.


sábado, 5 de diciembre de 2009

Plegaria

Es delgada la voz que te descubre
detrás de las cortinas
y las horas. Es espesa la sangre
de la aurora de sal desvanecida.

Un dibujo de sombra. Una palabra
tendida en el silencio
como un cuerpo por fin deshabitado.

No podré regresar hasta la orilla
de tus labios de menta devorada.
No podré regresar, y sin embargo
esa es, y por qué, mi única plegaria.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Te requiero

Te amé con el silencio
cabizbajo,
con la mirada tensa y la palabra
de pie y enamorada de tu boca.

Te amé desde la infancia
derribada,
desde la soledad, la melodía
de besar tus recuerdos y tus sueños.

Te amé
como me dio a entender la vida,
el deseo, la muerte avariciosa.

Te amé
porque no quise ser
esclavo siempre,
sino canción, y luz, y llama herida,
cauce de sangre emancipada.


Te amé y te quiero en el espejo
de la memoria rota,
en mis manos que buscan
todavía
la nube de tu piel amanecida.

Te quiero y te deseo,
y te requiero
a las aladas almas de las rosas,
a la improbable aurora
desposada en las bocas dulcemente.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Me dejaste

Me dejaste. Pusiste entonces
el espeso sendero sin memoria,
la canción apagada,
destruida, la misteriosa
sombra de tu silencio.


Qué podía decir
si no querías
que mi boca de nuevo te rompiera
brotes de fuego oscuro
por tu boca de nube y de desnudo.

Ay mi amada de sal,
oleaje tu cuerpo, desabrochada
vida tus pechos repentinos,
plenos. Ah qué caricia
tu piel blanca y eterna, tu mirada
encendida, habladora,
de dolorosa luz edificada.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Solo es el viento

Sobre mis labios,
solo es el viento
el que pone jazmines
y ciegos besos.
Solo es el viento...

¿Sobre tus labios,
dibuja un velo,
se le  llena la boca
de espuma y tiempo?
Solo es el viento...


Boca de niebla,
lengua de fuego,
llevas cegada mi alma
toda en ti ardiendo.
No es solo el viento...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Aroma de deseo

Este aroma de viento agradecido,
esta sal que relumbra geometría,
esta negra canción,
este recuerdo,
este gato que araña amaneceres,
esta herida de amar que suma y sigue.


Todo lo llenas tú,
reina de barro,
carne de cama oscura, dulce niebla...
Todo el mar en tu boca; 
denso oleaje
de tu cuerpo en la piel de la memoria.
Todo lo llenas... Di, qué sueños bebes,
dónde se abre la cueva de tus labios,
en qué noche tu luz
se ha sepultado,
di, vida,  dónde te escondes
y traspones.


Buscaremos abismos,
la lluvia, el ala lenta a ras de cielo,
los dulces pasos
de la felina mansedumbre;
no temerás las fieras,
y pasaremos fuertes y fronteras.

Y seremos, princesa, para siempre
esta sombra de estrella amanecida,
este gozo de cuerpos enredados,
esta boca de muerte deliciosa,
este olor de deseo derramado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Te dibujo los ojos...

Te dibujo los ojos
con la tinta cansada de los sueños
con el velo mojado
de las bodas oscuras que desposo.


Y en tu cuerpo se rompen
las costuras esclavas y renace
el deseo en la punta de tus senos.
Tengo la boca
habitada de viento y de oleaje.


Podré amarte
hasta el corte preciso de la aurora,
su cuchillo de plata enrojecida.
Podré amarte,
despacio,
demorando los labios
por el relieve vivo de tu cuerpo.


Y dejaré tus manos
llenas de nieve y luz,
llenos tus labios
de palabras jugosas y suaves,
y en tus ojos
qué paisaje de vuelo derretido,
qué espejismo de arena edificada.

lunes, 12 de octubre de 2009

Luz húmeda y oscura

Toda la suavidad llena tus ojos,
luz húmeda y oscura,
temblor pequeño
asomado
como un niño de pronto a mis pupilas.

Amor mío, lo sabes,
se enredan en mi boca
palabras de sonidos trepadores,
y parece que sean
barro a veces,
y vasos para el agua del deseo.

Fresca hondura de viento y cauce dulce,
sal mentida de amor,
mar extendido,
hoy qué lejos la muerte y su costumbre,
qué insolencia de azahares al besarte,
de menta y de recuerdo.


El aire que se sube hasta tu boca
sacia su soledad,
puebla tu cuerpo;
luego se adentra en mí,
y regresa
hecho palabra 
a tus labios,
y se moja en tus ojos,
alfareros de luz, temblor, silencio.

jueves, 8 de octubre de 2009

Vuelvo a besarte, amor

Un día, es verdad, es solo tiempo
derramado.
Hasta su fin exacto.
Y sin embargo siento
--capricho repetido de mi boca--
venir hacia mis labios
suavemente,
lentamente,
tus labios, acogidos al silencio,
a la latencia del deseo,
al temblor del amor que te reservo,
justo, ya ves, en este día. Es solo tiempo
derramado, razono.
Y sin embargo
vuelvo a sentir tus labios,
el sabor, la vida,
la alegría que exhalas al besarme.
Vuelvo a besarte hoy
desde la boca
que estas palabras fingen en el aire.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Quise toda tu luz

Quise toda tu luz. Y tú lo sabes.
Una ambición oscura
me quemaba la boca y al besarte
hundía un mar exhausto de deseo
en tu boca,
cristal de sombra dulce.
Quise toda tu piel: crucé los ríos
de tus venas, buscando por tu cuerpo
la ingravidez, la voz y la palabra
derrumbada de gozo en tus gemidos.
Quise toda la vida
en un instante;
sentí el ciego rumor con que la herida
abre suavemente
los labios rojos al sediento filo.
Todo el tiempo de pronto
sabe a niebla,
a la seda lasciva de tus besos,
a la aurora que brota labio adentro,
enredada de estrellas como frutos.

.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Habla la amada

Ha prendido, mi amor, toda tu fuerza,
como una llamarada,
en el jazmín callado de mi cuerpo.


Y ha entrado en mi boca,
y me ha quemado
la nieve dulce de tu boca.

¡Ay mi cuerpo de nácar,
ay mi boca de menta y de recuerdo!

Pon tus dedos de viento,
sobre la espalda suave
del silencio,
sobre la piel huidiza,
herida en la memoria de tus besos.

Y ponme en las palabras,
la textura sabrosa del recuerdo,
¡que suban a mis ojos
y dejen el reflejo
de tus ojos, mi amor, 
inmensamente abiertos!

¡Ay mi cuerpo de nácar,
ay mi boca de menta y de recuerdo!


martes, 15 de septiembre de 2009

La huella del silencio

¿Me dejas, di, que te recuerde
cuando tus ojos
buscaban en los míos el espacio,
el lugar necesario
donde ocultar el tiempo,
su marea voraz, rítmica,
altiva?
¿Vas a poner de nuevo
sobre la tarde lenta
las figuras quebradas del recuerdo,
las alas rotas, los agravios,
los cuerpos extraviados
en el oscuro bosque del placer?
Tengo en la boca
grabado el mapa exacto de tus labios
rojos y tersos,
el tacto firme y tenso
de tus pechos.
Y por mi cuerpo
aún la bocanada ciega del deseo
extiende su aleteo
negro y lascivo.
Solo mirarte
bastaría seguro
para dejar ya siempre aniquilada
la rígida altivez, la asfixia,
la huella indescifrable del silencio.