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domingo, 22 de noviembre de 2009

Me dejaste

Me dejaste. Pusiste entonces
el espeso sendero sin memoria,
la canción apagada,
destruida, la misteriosa
sombra de tu silencio.


Qué podía decir
si no querías
que mi boca de nuevo te rompiera
brotes de fuego oscuro
por tu boca de nube y de desnudo.

Ay mi amada de sal,
oleaje tu cuerpo, desabrochada
vida tus pechos repentinos,
plenos. Ah qué caricia
tu piel blanca y eterna, tu mirada
encendida, habladora,
de dolorosa luz edificada.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Aroma de deseo

Este aroma de viento agradecido,
esta sal que relumbra geometría,
esta negra canción,
este recuerdo,
este gato que araña amaneceres,
esta herida de amar que suma y sigue.


Todo lo llenas tú,
reina de barro,
carne de cama oscura, dulce niebla...
Todo el mar en tu boca; 
denso oleaje
de tu cuerpo en la piel de la memoria.
Todo lo llenas... Di, qué sueños bebes,
dónde se abre la cueva de tus labios,
en qué noche tu luz
se ha sepultado,
di, vida,  dónde te escondes
y traspones.


Buscaremos abismos,
la lluvia, el ala lenta a ras de cielo,
los dulces pasos
de la felina mansedumbre;
no temerás las fieras,
y pasaremos fuertes y fronteras.

Y seremos, princesa, para siempre
esta sombra de estrella amanecida,
este gozo de cuerpos enredados,
esta boca de muerte deliciosa,
este olor de deseo derramado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Te dibujo los ojos...

Te dibujo los ojos
con la tinta cansada de los sueños
con el velo mojado
de las bodas oscuras que desposo.


Y en tu cuerpo se rompen
las costuras esclavas y renace
el deseo en la punta de tus senos.
Tengo la boca
habitada de viento y de oleaje.


Podré amarte
hasta el corte preciso de la aurora,
su cuchillo de plata enrojecida.
Podré amarte,
despacio,
demorando los labios
por el relieve vivo de tu cuerpo.


Y dejaré tus manos
llenas de nieve y luz,
llenos tus labios
de palabras jugosas y suaves,
y en tus ojos
qué paisaje de vuelo derretido,
qué espejismo de arena edificada.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Amarte

Noche es de nieve dulce tu boca;
tu mirada,
hierro candente y hondo que me duele
doblemente por dentro.
Gimes y te rebosas,
vuelo vivo de oscuras pesadumbres
que deslumbran al fin
tu cuerpo 
tenso y pleno.


Astros de niebla densa me embriagan al besarte,
bebo todas las sombras como un vino esquivo
forjado en la tibieza derramada y sedosa.

Calidez rebrotada, angulosos deseos,
el olor afilado de la suave tiniebla
que humedece tu sexo: 
todo en ti se hace espacio,
oleaje de instantes que se agitan y ponen
un sabor de cuchillo y de espuma
que al fin invade de silencio
mi cuerpo
tenso y pleno.

domingo, 16 de agosto de 2009

Busco el olor

Busco el olor,
sí, el olor obediente y suave
de tus senos impacientes,
y el roce
humilde y vivo de tu labio, 
la reverencia
hospitalaria de tus párpados,
la delicada
orfandad luego de la luz,
cuando mi boca
los sella, oscura y tibiamente.
Siento enseguida
tus manos, navegantes
sobre mi cuerpo en oleaje,
y el espacio
desnudo de palabra,
y la muerte
dormida, como un ala
que, de pronto,
agita su destreza,
la espada dulce que en tu boca
al fin se moja de gemidos
cuando llenas
de tiempo húmedo el deseo
mordido como un fruto.

martes, 4 de agosto de 2009

Sendero de mis labios

Tu boca sabe, amada, a hierro y vida
y trae encadenado a mi memoria 
el aliento cautivo
de las bocas que amaste hasta mi boca.
Por tu piel se reaviva
el fuego prisionero
que ajenas manos te prendieron
en tus senos rotundos,
desbordantes de luz palpable y tensa.
En tu vientre me sacias de blancura
y deseo  y renacen las primicias
de la dulce espesura de la muerte.
Y en tu sexo --fuerte y áspero vino--
se vuelve a derramar
gozosamente
la niebla densa
de racimos de estrellas fugitivas.

jueves, 11 de junio de 2009

Amor de tu cuerpo

Eres sombra y cristal en promesa desnuda,
eres sal y silencio, manos de luz hundida.
Te rebosa la noche
cobijada en tu cuerpo
por los ojos oscuros sus cumbres de estrella.
Soy espuma de ausencia,
voy a sembrar mi voz hecha de espada,
a excavar la oscuridad sencilla y dócil,
a poblar tu deseo de caricias metálicas,
de voces que te usurpen
los recuerdos callados.
Pondré en tu piel amarga
un incendio de dátiles,
una canción de luz envenenada,
un tálamo cautivo de besos escarpados.
Doce puertas de agua, doce lenguas de fuego
nimban el paraíso de tu sexo invadido.
Y en tus senos la muerte lentamente
se deshoja de su ciencia
como un árbol maldito. El tiempo vivo
erige su final en las rosas
dulces de tus pezones. Oh mi amada,
de cuevas de leones, de azucenas,
de sevicias de diosas exaltadas,
eres la luz que derramas en mis labios,
el orgullo perenne de tus besos oscuros.

domingo, 26 de abril de 2009

Saboreo el recuerdo

El perfume de sal ceremonioso,
la reverencia amable de la brisa...
Saboreo el recuerdo, pues el tiempo
ya no eleva exigente su mirada.

Deseo cada sombra y cada eco
con avidez exhausta de agonía,
cada gesto de labios entreabiertos
lentamente acercándose a mi boca.

Y ese tenso placer en que culmina
el ascenso exaltado y donde el cielo
se derrumba en las manos dulcemente.

Ese olor de silencio y  de gemido,
esa espada de nube embravecida,
ese fuego de auroras rebosadas.

 

sábado, 31 de enero de 2009

Regresa, sensación

Regresa, sensación; entre mis dedos
deja otra vez los suyos, tensos y enlazados,
extiende en mis oídos expectantes
el cielo desbordado de gemidos.
Haz que vuelva el espacio, el oleaje
de amar su cuerpo, de ver que tiemblan vivos
los contornos, en tanto se deshace
por fin el tiempo en líquida armonía.
Viértete en las palabras embriagadas,
cólmame nuevamente de sus senos
y de sus labios, impacientes
por mi boca o mis párpados
y que de nuevo mis pupilas
beban como un espejo de su goce.
Regresa, sensación, haz que yo palpe
bajo las vestiduras
de estas voces calladas
todo el placer de entonces,
todo el placer, desnudo y fugitivo.

martes, 7 de octubre de 2008

Busquemos en tu boca


      
Busquemos en tu boca
aguas de mayo y tiempo demorado,

labio de luz, figura
de dolencia de amor, voz acallada.


Y por tu cuerpo echado
en el lecho de instantes recogidos

qué vendimia de besos
qué sabor de recuerdos deliciosos.


No sabremos si el cielo
nos rebosa por dentro o nos recubre

su desnudez copiosa,
su fulgor azulado y silencioso.


Y al estrechar tus dedos
los míos con tan tensa mansedumbre

¡la soledad se quiebre
en oleajes de pétalo y de vuelo!







martes, 30 de septiembre de 2008

Por dentro de tu voz


Por dentro de tu voz, por interiores
desnudos de sabor precipitado,
por el oscuro azar de los olores
que rebosa tu cuerpo derramado,

voy arando minutos y temblores,
certidumbres de amor ambicionado,
surcos de pluma y luz, porque demores
el placer, de tu carne desgajado.

¡Ay qué viento de espumas y de vidas
se desata en las bocas y devora
la cumbre derrumbada en mil heridas!

¡Ay qué brillo de nieve retadora,
como un nido de nubes detenidas,
por tus ojos se extiende y aun se dora!


domingo, 31 de agosto de 2008

Amor

Sobre tu carne vierto mi deseo
que rebosa en la boca. Con mis manos
cubro el calor exacto de los pechos,
su rotundo brotar de luna y sombra
hasta erizarse
consistentes y duros. Y qué abundancia
de sopor derramado y de vigilias
incendiadas por dentro de mi aliento
se me emboscan y acechan, cuánto bebo
de tu cuerpo letal y cimbreado,
venenoso y glacial, dulce y remoto,
cuánto llenas
como espuma de sangre venturosa
la extensión misma, tanta muerte,
la perfección aguda del momento.
Ah, qué despaciosamente vuelves
a desposar los labios tenuemente,
a malherir de amor mi sexo vivo,
su resplandor henchido, la premura
de adentrarse en tu cuerpo de tiniebla,
viento, dolor, gemido,
negro deleite, azar, derrumbamiento,
baile en ruinas, despojos de recuerdos,
dibujos de extasiadas mansedumbres.
Cómo de entre mis manos te resbalas
hacia la cumbre, alcoba de tu alma
habitada de vuelo y plenitudes.
Y devoro el fulgor, la espesa noche,
la marea de estrellas derramadas
por los cauces oscuros y brumosos.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Nocturno



Tú sientes el espacio como un segmento frío,
la longitud ausente de memorias que tiemblan:
tus labios, dibujados en sudarios de niebla,
tus manos, como aves naufragadas y yertas.

Yo me bebo los días como licor de tierra,
y el oleaje ajado de océanos resecos
golpea en mi recuerdo latigazos de sombra
y esparce por mis ojos su arenosa marea.

Ya de noche despiertas por los sueños oscuros
y la humedad que extienden tus labios en mi boca
me inunda en su musgo de sed y espuma y fruto.

Desarboladamente navego por tu cuerpo,
a la deriva extiendo mis labios anegados
hasta el confín salvaje de tu sexo profundo.



sábado, 21 de junio de 2008

Bajo tus ojos

Bajo tus ojos, ah, por qué la fuerza
del hierro fértil o la espada herida,
bajo tus ojos, lago oscuro,
por qué el cobijo
de la nieve, por qué de tanta aurora,
como una inmensidad,
la tierra viva
erigida en la sed más cristalina.

Por qué por dentro de tus ojos
gacelas codiciosas
de mimo y sal y viento adormecido,
por qué así giras en mis manos
como barro de luz en esta lucha
cerámica y precisa.


En la vendimia enamorada
de tu cuerpo
recojo de tu voz bruscos alientos
como racimos de llamas, como estrellas.

Por qué memoria de la carne,
por qué la piel y la palabra,
va a ser aquí
por dentro de este tiempo vaciado
que de nuevo en los gemidos
se impregnen de placer,
que nos amemos largamente
encadenadas nuestras manos
en la prisión de bocas y de sexos,
por qué, bajo este nunca de fuego y este siempre,
hasta el silencio
oscuro y eterno de mirarnos.


jueves, 12 de junio de 2008

Tuve que regresar desde la hondura

Tuve que regresar desde la hondura
de la humedad rebelde de tu boca,
remontar sin aliento
hasta tu oído
susurrarte engaños,
eternidades, fuegos, tantos nuncas,
el veneno del alma,
la materia huidiza de los sueños.
Tú guiabas la balsa de mis manos
por el oleaje secreto de tu cuerpo,
ascendían
peregrinas
a la memoria eréctil de tus pechos,
zozobraban
dudosas
por el olvido frágil de tu vientre,
fondeaban
golosas
en el recuerdo fértil de tu sexo.
Y de nuevo
la asfixia de besar
hasta el final más hondo y desnacido,
hasta la viva muerte, la bahía
de un infierno de calmas inundadas,
vientos de sombras dulces,
densas y jugosas,
el placer tembloroso, la caída
en la luz celestial de poseernos.

martes, 27 de mayo de 2008

Para la sombra

Para la sombra escribo,
para las manos oscuras de la lluvia,
la mortaja anhelante,
deseo, pétalo,
cristal remoto,
de suave humedad adormecida.

Para el limpio crepúsculo y presente
escribo ahora,
la barca que rebosa
su sueño abandonado,
su deriva de sal, de viento enrojecido,
vaciada de rumbo y de destino.

Para tus manos beben
el silencio mis dedos en las letras
y salpican sus huellas,
perfume, azar, reloj,
espuma o nieve,
sobre la tibia espalda de los días.

Para tus ojos y tu boca,
se me entornan los labios y los párpados,
como puertas celosas de deidades,
ofrenda, sequedad,
promesa o ruego,
mandamientos de ahogo y de ceniza.


Para la muerte oculto
teoremas de besos sucesivos,
la exacta geometría
medida por mis manos:
tus pechos, frutales, llenos
como lunas,
la calidez estremecida
que tu sexo derrama entre gemidos.

sábado, 3 de mayo de 2008

Plomo de olvido

Conduces mis manos
por la secreta escala de tus muslos.
Como una ebria marea
de espuma espesa,
tu deseo
se demora en mi boca.

Qué sed de viento oscuro
busca
la densidad fluida de las lenguas,
ángeles mortales
de niebla y cuerpo,
espadas vivas
de fuegos derramados.

Y el vino negro
de tu alma te recojo,
plomo de olvido
derretido.

Me enveneno
hasta la inquieta soledad que estalla
cuando gimes y exaltas
el placer abrupto de los cuerpos
hundidos en oleajes
de temblor y delicia desvivida.






miércoles, 9 de abril de 2008

Placer de amar

Vierten
interminablemente
en la copa
de los besos oscuros
pulpa mi corazón
hambre tu boca,
tinieblas de seda
tus dos ojos,
frutal ansia madura
mis dos labios.
Me duele y me quema
porque muerdes
con el dulce escozor
de tu locura ebria.
Y qué llama tu lengua,
qué cautiva
una lágrima
muerta de alegría
un suspiro
enterrado en el silencio.
Las manos
como gacelas cazadoras
ágiles caricias
extienden
en los cuerpos inquietos
agitados.
En la bruma que nubla
la conciencia
impregnada tan solo
del camino sinuoso de serpientes
que dibuja el deseo,
imploramos
el fin, la luz, placer
de miles de estallidos
como estrellas de miel
que brotan de los sexos.

martes, 1 de abril de 2008

Me descarto

Me descarto
de las húmedas caricias de tu lengua
sobre mi vientre,
pues me retas a espadas, al combate
sobre el racimo lleno del placer,
los copiosos granos
cuya rotunda perfección estalla
en la boca del alma;
y al contacto
de tus labios tahúres y sedosos,
la delicia se erige en una abrupta
constelación de flores como estrellas
fabricadas de miel,
de viento y fresca llama.
Y es hermosa
la derrota en que hundes a mi cuerpo,
con tus cartas de oros,
tu sonrisa,
jugadora de triunfos imperiosos,
de goces
invisiblemente vivos
por detrás de mis ojos
ya cautivos
sin fin ni desaliento.