Por qué de repente Bach en esta tarde
entre las notas graves de una fuga
que ciegamente surgen
de la liturgia sumergida de un piano,
por qué Bach precisamente
fluye para consolidar esta tristeza
con la nobleza austera de una muerte
sedosamente heroica. Es entonces
en la agonía seca de los ojos
tenazmente abiertos,
rebeldes, si ya fríos,
cuando la música derrama sus oscuros pasos
por el sendero níveo de la tarde
invernalmente muerta:
suavemente
oreada de vientos cristalinos,
de brisas y de flores desdichadas.
Quizá solo es silencio
la bebida posible de los vivos
encadenados
al oleaje oscuro del recuerdo.