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miércoles, 7 de enero de 2009

Herirá nuestros ojos

La luz con que la muerte
herirá nuestros ojos --antes los míos,
no sabré de tu fin como no supe
de tu nacimiento, cuando el velo
de no ser se rasgó en tu primer llanto--
quebrará la distancia, 
colmará el tiempo
y unirá, en un resplandor de nieve,
todo relámpago de abrazo,
toda la suavidad y el sigilo de los besos,
la brevedad precisa de decirte
te quiero y de esperar que surja
el eco pleno de tus labios.
Herirá nuestros ojos 
tanta luz, entonces,
que surgirá del agua
inmóvil del último recuerdo
toda la eternidad posible, fugitiva,
el momento preciso, la figura
de los cuerpos amantes
como dioses mortales. Se hundirán despacio
en las negruzcas simas del olvido,
cuando el aliento
nos abandone por fin. Solo un destello,
una imagen, un espejismo claro
redimirá un instante
esta penumbra de recuerdo,
esta deshabitada llama de tu ausencia.

jueves, 1 de enero de 2009

Epigrama

Un sabor lentamente bosquejado 
por la extensión oscura de mi boca 
deja copos de luz dulce y precisa, 
memoria de tu labio ausente y vivo.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Tu ausencia

¿Sabes que por los labios es tu ausencia
laguna de silencio y de reflejo,
que me sabes a espada y a hondo espejo,
a sequedad de luz y de presencia?

¿Notas que ronda a veces mi querencia
por tus alrededores y que dejo
una zumbido de noche y un cortejo
de aguijones, de vuelo y de apetencia?

¡Qué negra sed de ti pone en mi boca
este enjambre de mieles abatidas,
este oscuro sabor de recordarte!

Y me brota el deseo y me convoca
¡qué dulzura de abejas malheridas,
primavera, memoria de besarte!




miércoles, 20 de agosto de 2008

Nocturno, de nuevo

Eres de sal y hierba, gozosamente abres
tu perfume de savia mineral en los brotes
de vientos que desangran velozmente el silencio
en tu risa de estancias grácilmente bailables.

Eres la tierra herida por el arado hambriento,
hecha de ola y de sombra, de semilla y de espiga,
eres como una ausencia, dibujada y precisa,
como un dolor de aceite levemente vertido.

Qué quieres que te diga para invocar la aurora
de tus labios que escuecen mi boca atardecida,
la perfección oscura de tus besos desnudos.

Qué oración extraería del sepulcro del sueño
el arcángel que habita el hueco de tu cuerpo,
encarnación y fruto de despobladas manos.

jueves, 7 de agosto de 2008

Tiempo

De ir y venir se sacia el tiempo
como una fiera hambrienta que en su boca
engulle los recuerdos luminosos,
las anchas avenidas arboladas,
el espacio fugaz de una sonrisa.

Se sacia a veces y detiene
su paso y nos observa taciturno.
Espera acaso
que de nuevo encontremos un camino,
para satisfacer después su gula,
colmándola de logros, tentativas,
vacíos, sequedad, o puro abrazo.

El tiempo, como un monstruo concienzudo,
atesora en su oscuro laberinto
un rencor trabajado y esperanzas
que se tejen de sombras y oquedades.

Alimentamos obedientes
su panzuda conciencia y su misterio.
La complicidad que traba
secretamente con la ausencia.

sábado, 28 de junio de 2008

No quisiste contener la sombra

No quisiste contener la sombra, su espacio creciente, negro, espeso, su avance de seducción lenta y oscura, como un lecho de niebla y de silencio. Y tuve que recorrer con mis manos tu cuerpo recordado, convertido en volumen mudo, rescatado y cubierto, piadosamente, por el sudario explícito de la palabra seca, escrita, diluida. Y fue beber de ti, como de un manantial de tiempo exhausto, de cansancio vencido y envuelto en descuido y flacidez, beber de la laxa sucesión de piel, de la adoración y la ausencia, de la memoria bordada en el tejido huidizo de la tarde.

Qué importa ahora si a tientas busco tu voz, la forma de invadir instantes, el camino. Qué sentido puede ocultar el encuentro, la vibración, el salto. No es sino vacío esta busca. Imposible en cambio evitarla, extraer de la huella el contacto, de la evocación el cuerpo, su evidencia palpable y fructífera. No quisiste. No queda nada.

lunes, 5 de mayo de 2008

Secuencia

Pude tocar, mi amor, el cielo con los dedos
la nube de tus besos con mi boca,
el silencio de honduras insondables
pude saciar, bebiendo de tus ojos.

Volaba entre los árboles, la gente,
para abrazar tu cuerpo, tus promesas,
y me hundía en un lago hecho de sueños,
de cristal, de palabras bienheridas.

Me parece la muerte tan querida,
para vencer el hielo de esta ausencia
espada y precipicio, este deseo,

que no puedo dejar de desvivirme
por matar el desierto de no verte,
no tocarte, no amarte, no besarte.