martes, 5 de enero de 2010

Comunión

Me devuelves el pan a boca llena
con el hambre ancha y tierna de deseo.
Precipitas el alma en la crecida
ansiedad de tu vino puro y vivo.

Te requiero en los labios, en las manos,
en plegarias de besos y caricias,
en memorias de amor, anticipadas
a la Forma desnuda de tus senos.

Qué derrumbe de miedos y techumbres,
monasterios de salmos y liturgias
derruidos en rezos arruinados.

Qué maitines tus ojos encendidos,
qué lectura tu voz, qué eucaristía,
ah,  tu cuerpo de harina enamorada.

lunes, 4 de enero de 2010

Una rosa a destiempo

A destiempo te traigo, hoja en mano,
una rosa de pétalos tintados
que recorre tus ojos desatentos.


Como un roto de ojal, una promesa,
un recuerdo sin nudo, un disparate,
una flor que concentra y acapara


la avariciosa luz de la memoria.
La dilata enseguida amargamente,
y te trae desdeñosa hasta mis brazos.


Hasta la lumbre triste de los besos,
de estos versos, cansados y desnudos,
de mi amor, desnortado y taciturno.


Mosquetera del viento y de la risa
divinal y perpetua como un río;
labradora de nubes remolonas,


ven a los bajos fondos de mi boca,
a mi infierno celeste, pues tu reino
es un mundo de luz y de palabra.


Entre febrero y abril de dos mil tantos,
vino a posarse aquí, a grupa de san Jorge.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Está en ti la luz

Está en ti la luz, el viento y la palabra,
la presencia del tiempo denso y lleno,
está en ti la muerte derrotada,
la mirada de un dios sediento, antiguo,
el azar del silencio
roto por la quebrada estrella de cantarte
tanta umbría desierta,
tanta espaciosa anchura, tanta aurora.
Está en ti lo que soy,
lo que fui, ante tus ojos incendiados,
cuanto seré hasta el instante mismo,
la saciedad imprecisa de la muerte.
Está en ti mi vida:
eres suma celeste,
angelical anuncio, profecía
salvaje de tu cuerpo enamorado.
Calidez repentina de tus pómulos,
adivinadas olas de tu boca,
tu sonrisa. Tu amor embravecido.
Está en ti la luz.
Qué otra cosa decir. Toda la luz.

martes, 15 de diciembre de 2009

Es de noche

Es de noche. Tejen tus párpados
sueños de sal enamorada.

Ahora estos versos
parece ya que quieran en tus labios
hilvanar solo un rumbo,
una patria imposible
de sombras devoradas.

Parece, sí, que al fin alcancen
la perezosa luz,
la sigilosa cumbre de tus ojos.

Penélope lejana,
tus manos laboriosas,
llenaré con la nieve de mi boca;
perezosa Nausícaa,
tu ajuar
y tu deseo
bordaré de palabras y de besos
incendiados de viento y escritura.


sábado, 5 de diciembre de 2009

Plegaria

Es delgada la voz que te descubre
detrás de las cortinas
y las horas. Es espesa la sangre
de la aurora de sal desvanecida.

Un dibujo de sombra. Una palabra
tendida en el silencio
como un cuerpo por fin deshabitado.

No podré regresar hasta la orilla
de tus labios de menta devorada.
No podré regresar, y sin embargo
esa es, y por qué, mi única plegaria.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Te requiero

Te amé con el silencio
cabizbajo,
con la mirada tensa y la palabra
de pie y enamorada de tu boca.

Te amé desde la infancia
derribada,
desde la soledad, la melodía
de besar tus recuerdos y tus sueños.

Te amé
como me dio a entender la vida,
el deseo, la muerte avariciosa.

Te amé
porque no quise ser
esclavo siempre,
sino canción, y luz, y llama herida,
cauce de sangre emancipada.


Te amé y te quiero en el espejo
de la memoria rota,
en mis manos que buscan
todavía
la nube de tu piel amanecida.

Te quiero y te deseo,
y te requiero
a las aladas almas de las rosas,
a la improbable aurora
desposada en las bocas dulcemente.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Me dejaste

Me dejaste. Pusiste entonces
el espeso sendero sin memoria,
la canción apagada,
destruida, la misteriosa
sombra de tu silencio.


Qué podía decir
si no querías
que mi boca de nuevo te rompiera
brotes de fuego oscuro
por tu boca de nube y de desnudo.

Ay mi amada de sal,
oleaje tu cuerpo, desabrochada
vida tus pechos repentinos,
plenos. Ah qué caricia
tu piel blanca y eterna, tu mirada
encendida, habladora,
de dolorosa luz edificada.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Solo es el viento

Sobre mis labios,
solo es el viento
el que pone jazmines
y ciegos besos.
Solo es el viento...

¿Sobre tus labios,
dibuja un velo,
se le  llena la boca
de espuma y tiempo?
Solo es el viento...


Boca de niebla,
lengua de fuego,
llevas cegada mi alma
toda en ti ardiendo.
No es solo el viento...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Aroma de deseo

Este aroma de viento agradecido,
esta sal que relumbra geometría,
esta negra canción,
este recuerdo,
este gato que araña amaneceres,
esta herida de amar que suma y sigue.


Todo lo llenas tú,
reina de barro,
carne de cama oscura, dulce niebla...
Todo el mar en tu boca; 
denso oleaje
de tu cuerpo en la piel de la memoria.
Todo lo llenas... Di, qué sueños bebes,
dónde se abre la cueva de tus labios,
en qué noche tu luz
se ha sepultado,
di, vida,  dónde te escondes
y traspones.


Buscaremos abismos,
la lluvia, el ala lenta a ras de cielo,
los dulces pasos
de la felina mansedumbre;
no temerás las fieras,
y pasaremos fuertes y fronteras.

Y seremos, princesa, para siempre
esta sombra de estrella amanecida,
este gozo de cuerpos enredados,
esta boca de muerte deliciosa,
este olor de deseo derramado.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Te dibujo los ojos...

Te dibujo los ojos
con la tinta cansada de los sueños
con el velo mojado
de las bodas oscuras que desposo.


Y en tu cuerpo se rompen
las costuras esclavas y renace
el deseo en la punta de tus senos.
Tengo la boca
habitada de viento y de oleaje.


Podré amarte
hasta el corte preciso de la aurora,
su cuchillo de plata enrojecida.
Podré amarte,
despacio,
demorando los labios
por el relieve vivo de tu cuerpo.


Y dejaré tus manos
llenas de nieve y luz,
llenos tus labios
de palabras jugosas y suaves,
y en tus ojos
qué paisaje de vuelo derretido,
qué espejismo de arena edificada.